Un gol en el 90+10 que cambió una serie

Un cabezazo al borde del descanso, un segundo golpe que parecía definitivo y, cuando todo apuntaba a la eliminación, un derechazo en el 90+10 que encendió Quito. Así sobrevivió Independiente del Valle en el Estadio Olímpico Atahualpa para meterse en los cuartos de final de la Copa Sudamericana: derrota 2-1 ante Mushuc Runa en los 90 minutos, 2-2 en el global y 4-2 en la tanda de penaltis. El equipo de Javier Rabanal había ganado 1-0 en la ida y, con la serie igualada, jugó mejor sus nervios desde los once metros.

El guion no fue cómodo. El favoritismo pesó y Mushuc Runa, herido y valiente, leyó bien el partido: bloque bajo cuando tocaba, presión coordinada cuando el rival se atascaba en salida y muchas piernas en las disputas. El primer aviso serio llegó en el 45', cuando Jhonnier Chalá cabeceó a la red y emparejó la eliminatoria. Ese gol cambió el ánimo y el plan: obligó a IDV a asumir riesgos.

La noche se complicó aún más con el segundo tanto local. Christian Penilla encontró hueco y puso el 2-0 del partido, 2-1 en el global para Mushuc Runa. En ese tramo, el equipo de Rabanal perdió metros y la pelota. Le costó juntar pases y generar ventajas por dentro. Mushuc Runa, en cambio, se sintió cómodo con espacios y defendió con orden.

El reloj corrió en contra y el desenlace pedía frío y fe. Rabanal, fiel a su idea de rotaciones y cambios a tiempo, movió el banquillo para sumar piernas frescas y ritmo por bandas. El empuje final llegó más por insistencia y acumulación de gente cerca del área que por brillo. Pero cuando no hay camino, cualquier resquicio sirve. Michael Hoyos apareció en el décimo minuto de añadido y firmó el gol que forzó la definición desde los once metros. Golpe anímico para uno, mazazo para el otro.

En la tanda, se notó la diferencia de oficio. IDV convirtió cuatro lanzamientos con buena ejecución y calma, mientras Mushuc Runa solo acertó dos. La historia reciente pesa: los negriazules han aprendido a gestionar estas noches. No hubo gestos grandilocuentes, tampoco épica sobreactuada. Hubo una cosa simple: eficacia cuando el margen de error es cero.

El pase prolonga una tendencia que ya no sorprende: Independiente del Valle ha superado sus últimas cuatro series de eliminación directa en Sudamericana cuando pegó primero en la ida. El dato encaja con la identidad del club, capaz de administrar ventajas sin renunciar al juego. Y sumemos contexto: campeón del torneo en 2019 y 2022, el proyecto ha normalizado competir bien fuera y dentro de casa, incluso en escenarios hostiles.

El impulso continental llega en paralelo a un presente sólido en Ecuador. IDV lidera la LigaPro 2025 con 53 puntos, un colchón que permite dosificar cargas sin perder el foco. Rabanal ha sostenido una política de rotación que, más que capricho, es respuesta a un calendario apretado: Sudamericana, LigaPro y Copa Ecuador. Hasta ahora, el plan funciona: piernas vivas en tramos clave y una base que responde en partidos calientes.

Más allá del resultado, la noche dejó algunos mensajes. La defensa sufrió en balones frontales y centros laterales; ahí el ajuste es obligatorio ante rivales con buen juego aéreo. En ataque, el equipo encontró aire cuando aceleró por fuera y pisó área con más de dos hombres. No hay que perderlo: el gol de Hoyos nace de una segunda jugada con mucha gente en zona de remate.

  • Global de la serie: 2-2 (IDV ganó 1-0 la ida; Mushuc Runa 2-1 la vuelta).
  • Tanda de penaltis: 4-2 para Independiente del Valle.
  • Sede: Estadio Olímpico Atahualpa, Quito.
  • Goles del partido: Jhonnier Chalá (45') y Christian Penilla para Mushuc Runa; Michael Hoyos (90+10) para IDV.

Once Caldas en el horizonte: un cruce con historia y colmillo

El rival de cuartos será Once Caldas, único colombiano vivo en la copa tras eliminar a Huracán con un 3-1 como visitante. Dos tantos de Dayro Moreno, ese delantero que no necesita presentación, y uno de Michael Barrios resolvieron una serie que pocos daban por perdida en Buenos Aires. Once Caldas no deslumbra por volumen de juego, pero compite con malicia, pausa y un instinto bárbaro en el área.

El mano a mano asoma parejo por varias razones. Primero, por el colmillo: Dayro es el máximo goleador histórico de Once Caldas y apenas necesita media ocasión para castigar. Segundo, por las transiciones: Barrios rompe líneas si le dejas metros. Tercero, por el escenario: Manizales y Quito tienen altura, pero no idéntica. La administración del oxígeno y la gestión del ritmo contarán tanto como una pizarra fina.

La serie se jugará en la tercera semana de septiembre, después de la ventana de Eliminatorias al Mundial 2026. Esa pausa es un arma de doble filo. Sirve para recuperar tocados y ordenar cargas, pero corta la inercia de los que vienen lanzados. Rabanal tendrá que equilibrar minutos, cuidar a los que llegan de selección y redefinir su once tipo según sensaciones, no solo jerarquía.

¿Qué necesita IDV para imponerse? Tres cosas, sin rodeos. Mejorar la defensa de centros laterales, reducir pérdidas en salida ante presiones intermitentes y afinar la toma de decisión en el último pase. El margen es pequeño: Once Caldas castiga errores y no regala nada en su campo. La pelota parada puede ser un filón si se ejecuta con precisión y se bloquea bien al primer defensor.

  • Balón parado: clave en ambas áreas. Once Caldas carga con mucha gente; IDV debe ajustar marcas y buscar segundas jugadas a favor.
  • Ritmo y control: evitar un ida y vuelta constante. A IDV le conviene instalarse en campo rival y mandar con posesiones de 20-30 segundos.
  • Espacios por fuera: las bandas de IDV marcan diferencias cuando ganan duelos y pisan línea de fondo con continuidad.
  • Gestión física: vuelta de Selecciones y altura, un combo que exige rotación quirúrgica.

El otro foco pasa por el banquillo. En esta Sudamericana, los cambios han impactado más que los dibujos iniciales. Rabanal suele reservar una carta para el tramo final: un extremo fresco o un delantero que fije centrales. Si el partido pide centros, la estructura de tres rematadores tendrá que aparecer más temprano. Si el juego se atasca por dentro, los laterales deben liberar pasillos con desmarques en corto y profundo.

Para Mushuc Runa, la eliminación duele menos por la forma que por el final. Compitió, llevó al límite a un candidato y perdió en detalles. El aprendizaje es claro: en torneos cortos, cada balón parado y cada transición cuentan como finales. Su plan funcionó 90 minutos; la tanda fue otra historia.

La noche en el Atahualpa dejó esa mezcla rara de nervios, ruido y alivio. Hubo pulsaciones altas, pelotas divididas y un héroe sobre la hora. IDV se llevó el pase, pero también una libreta llena de tareas. Lo bueno, para un equipo que quiere todo, es que sigue vivo en todos los frentes y tiene margen para corregir.

Ahora, a septiembre. Entre Eliminatorias, viajes y ajustes, el cruce con Once Caldas promete tensión y poco margen. Justo el tipo de escenario en el que Independiente del Valle se siente cómodo: 90 minutos de atención, y si hace falta, otros 30 y una tanda. Ya demostraron que saben caminar el alambre sin vértigo.